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por Juan José Salas Mancinas

Parece que en la política mexicana el orden de los factores no altera el producto… o al menos eso nos quieren decir con el nuevo “Plan B”. La idea es simple y suena muy bien al oído: quitarle los privilegios a los de arriba para dárselos a los de abajo. ### ¿Qué trae este nuevo “paquete”? La cosa viene así: menos lana para los diputados locales, menos excesos en los municipios y, sobre todo, ponerle lupa a lo que gastan los partidos políticos.

Lo que más ruido hace (y con razón) es el tema del INE. A la Presidenta no le cuadra —y a muchos ciudadanos tampoco— que los consejeros electorales sigan ganando más que quien lleva las riendas del país. En un México donde todavía falta tanto, ver esos sueldos se siente como un insulto al sentido común.

¿Austeridad o ganas de incomodar?

  • Lo bueno: A nadie le cae mal que los políticos se aprieten el cinturón. Ver menos derroche en los estados y municipios es una demanda vieja que por fin tiene eco.
  • La duda: ¿Se busca ahorrar dinero o solo “marcarle el territorio” a las instituciones?

La Presidenta dice que no haber aprobado el Plan A no fue una derrota y que está “satisfecha”. Esa frase es clave. Básicamente, nos está diciendo que la batalla no es solo legislativa, sino moral. Si los otros no quieren soltar el privilegio, ella se encarga de que todo el mundo se entere.


En resumen

El Plan B es el recordatorio de que la austeridad es la bandera favorita de este gobierno. Si esto sirve para que el dinero llegue a donde realmente se necesita, ¡bienvenido sea! Pero hay que estar atentos para que, en el afán de ahorrar, no terminemos dejando a la democracia sin gasolina para funcionar.

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