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A ver, hablemos en plata. La FIFA acaba de aplicar una de esas jugadas que, como aficionados y como ciudadanos, nos dejan con un sabor de boca bastante amargo.

Resulta que siempre sí van a permitir que la gente entre a los estadios del Mundial con sus propias botellas de agua para mitigar el calor, pero el “detalle” —y vaya detalle— es que este beneficio solo aplicará para quienes asistan a los partidos en Estados Unidos y Canadá. A México lo dejaron completamente fuera de la jugada.

La FIFA se echó para atrás con su regla estricta de prohibir la entrada de líquidos, una medida que originalmente se pensó por temas de seguridad y patrocinios comerciales.

Sin embargo, al recapacitar sobre las altas temperaturas, decidieron abrir la mano… pero con una división geográfica que no tiene pies ni cabeza.

¿Por qué en los estadios de Monterrey, Guadalajara o la Ciudad de México no se puede y en el país vecino sí? Si algo conocemos de este lado de la frontera son los veranos sofocantes.

Negarle al aficionado local la posibilidad de ingresar con un insumo tan básico como el agua, obligándolo a consumir adentro a precios habitualmente inflados, se siente menos como una norma de logística y más como un trato de segunda categoría.

Al final, la fiesta del fútbol se presume como un evento de unión y equidad entre las tres naciones organizadoras, pero decisiones como esta demuestran que, a la hora de las concesiones y el cuidado al espectador, la cancha no está pareja para todos.

Por Juan José Salas Mancinas

#SamaNoticias #Mundial #Fifa

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