88888

En economía, cuando los datos duros contradicen la narrativa oficial, los gobernantes suelen enfrentar una encrucijada: ajustar sus políticas a la realidad o ajustar su discurso a la fantasía. En Durango, las recientes declaraciones del gobernador Esteban Villegas Villarreal y de su secretario de Desarrollo Económico, Fernando Rosas Palafox, dejan claro que han optado por la segunda vía.

Afirmar que en Durango “sobran empleos” y que “a la gente no le gusta trabajar”, o sostener el mito de la generación de “30 mil empleos” escudándose en una supuesta disparidad metodológica entre el IMSS y el INEGI, no es solo un exceso de optimismo político; es una peligrosa exhibición de analfabetismo económico. Analicemos el tamaño de estas barbaridades frente a la frialdad de los datos.

La ignorancia es audaz. El titular de Desarrollo Económico, Fernando Rosas Palafox, asegura que en la actual administración se han generado más de 30 mil empleos. Para justificar que estos no aparecen en los registros formales, argumenta que “algunas empresas tienen su domicilio fiscal en otros estados”, por lo que los empleos generados en Durango se contabilizan en otra entidad. Esta declaración es técnicamente indefendible.

Cualquier analista económico básico sabe que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) no contabiliza el empleo basándose exclusivamente en el domicilio fiscal del corporativo, sino a través del Registro Patronal vinculado al centro de trabajo geográfico. Si una planta opera en Durango, sus trabajadores se afilian a la delegación del IMSS de Durango, precisamente para garantizar la cobertura médica regional y el pago de cuotas obrero-patronales locales.

El verdadero saldo del sexenio: Lejos de los 30 mil empleos presumidos, el acumulado real de generación de empleo formal en lo que va de la administración (2022 a 2025) es de apenas 3,087 plazas.

Fuga de capitales y cierre de empresas: El dato más lapidario que sepulta la narrativa oficial es la pérdida neta de 5,842 patrones registrados ante el IMSS entre enero de 2025 y enero de 2026. Si se hubieran creado 30 mil empleos, ¿en dónde están trabajando si el estado acaba de perder a casi 6 mil empleadores formales en un solo año?

El propio gobernador no se queda atrás. Villegas Villarreal declaró: “Sobran empleos en Durango, solo que a la gente no le gusta trabajar”, citando de manera anecdótica a una sola empresa (Leoni) como termómetro de la economía estatal. Gobernar desde la anécdota es ignorar la estadística.

A la gente en Durango no es que no le guste trabajar; es que la economía estatal los expulsa hacia la precariedad. Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) al cuarto trimestre de 2025 desmienten la narrativa del gobernador:

  • La trampa de la informalidad: 479 mil duranguenses (el 54.4% de la población ocupada) sobreviven en la informalidad. Trabajan, pero sin seguridad social ni certeza jurídica.
  • Condiciones críticas: El 35.7% de la población ocupada en el estado labora en condiciones críticas de ocupación (jornadas extenuantes, múltiples actividades e ingresos paupérrimos).
  • El ejército de reserva: Hay 93 mil personas en la Población No Económicamente Activa (PNEA) disponibles para trabajar si se les ofreciera una oportunidad real, además de 46 mil subocupados que tienen la necesidad de trabajar más horas.

La demanda laboral en Durango exige, por lo menos, la creación de entre 12,000 y 14,000 empleos formales anuales para absorber a las nuevas generaciones. Generar poco más de 3 mil en más de tres años es un fracaso estructural, no un problema de “actitud” de los trabajadores.

Durango no se está haciendo “más gigante”, como reza la propaganda estatal. La entidad lleva al menos una década atrapada en un estancamiento económico crónico. Durante el tercer trimestre de 2025, la economía estatal se contrajo un -3.79%, ubicándose como el quinto estado con el peor desempeño a nivel nacional. Su crecimiento promedio de los últimos 5 años es de un anémico 1.49%, muy por debajo de la media del país.

Cuando los tomadores de decisiones niegan la realidad y culpan a la población de un déficit estructural que le compete resolver al Estado, el diagnóstico se pervierte y las soluciones se vuelven imposibles. Minimizar una contracción económica y un mercado laboral sostenido por la informalidad (donde más del 50% de esas actividades están infiltradas por el crimen organizado, según los propios análisis) revela no solo ignorancia, sino una profunda falta de empatía con la clase trabajadora duranguense.

No se puede curar una enfermedad económica si el médico (literal y espurio) insiste en que el paciente está sano y solo está fingiendo.

Leonardo Álvarez / leonardo.alvarez@gdinnvaciones.com

Este artículo puede encontrarlo en el siguiente enlace:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *