Por Juan José Salas Mancinas
La reciente ola de violencia que ha reducido a cenizas unidades de transporte en Acapulco no es un hecho aislado, sino la manifestación de una crisis estructural que ha mutado en una guerra de baja intensidad.
El incendio provocado de taxis y camiones en puntos neurálgicos como la zona de Jardín Azteca y la Costera revela un patrón de control territorial donde el transporte público se ha convertido en el sistema circulatorio que el crimen organizado decide cuándo detener.
El Mensaje detrás del Fuego
Cuando un taxi es incendiado en pleno día, el mensaje no es para el chofer, sino para el Estado y la sociedad. Es una exhibición de soberanía criminal.
Al paralizar el transporte, se paraliza la economía local, el turismo y la movilidad ciudadana, demostrando que la vigilancia de la Guardia Nacional y las fuerzas federales sigue siendo reactiva y no preventiva.
