Por Juan José Salas Mancinas
La convocatoria de la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos (Red TDT) para una velada este 21 de febrero en el Monumento a la Revolución no es solo un acto de aniversario por sus 36 años de labor; es un síntoma doloroso de una democracia que sigue sangrando por las costuras.
Resulta paradójico, y profundamente crítico, que en un país que presume de instituciones sólidas, quienes dedican su vida a proteger la dignidad ajena terminen convertidos en una cifra de desaparición o un titular de nota roja. La invitación a llevar flores y veladoras no es un gesto meramente estético; es un grito silencioso frente a la ceguera institucional. Iluminar la explanada es, en realidad, un intento por visibilizar a quienes el sistema ha preferido mantener en la sombra del olvido.
El Costo de la Valentía
Desde una perspectiva profesional, la seguridad para los defensores de derechos humanos en México es una asignatura reprobada. No basta con protocolos de protección de papel cuando la realidad territorial dicta lo contrario. Defender derechos en México se ha vuelto un oficio de alto riesgo, donde la exigencia de justicia suele pagarse con la vida.
Sin embargo, hay un factor humano que trasciende las estadísticas: la resiliencia. Que tras casi cuatro décadas la Red TDT siga convocando a la ciudadanía demuestra que, a pesar del asedio, la red de apoyo social permanece intacta.
“La memoria no es solo un ejercicio del pasado, es una herramienta de resistencia para el presente.”
Un llamado a la empatía ciudadana
No podemos permitirnos el lujo de la indiferencia. Acompañar esta velada este sábado a las 18:30 horas es un acto de corresponsabilidad. Si las voces que nos defienden son silenciadas, todos quedamos en la vulnerabilidad absoluta.
La cita en el Monumento a la Revolución debe servir para recordarle al Estado que la justicia no se negocia y que la memoria de los ausentes es el combustible que mantiene encendida la lucha de los presentes.
