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Por Juan José Salas Mancinas

La realidad de las fosas clandestinas en México no es solo un dato estadístico; es una herida abierta que supura impunidad y desolación. Un informe reciente de organizaciones civiles pone el dedo en la llaga: la disparidad de datos entre fiscalías estatales, la FGR y los medios de comunicación no es solo un error administrativo, es un obstáculo deliberado o sistémico para la justicia.

La Opacidad como Política

Resulta inaceptable que, en pleno 2026, la falta de un registro nacional completo y accesible impida dimensionar la magnitud de esta tragedia. Esta desconexión informativa entre las autoridades estatales y federales condena a miles de familias a un limbo eterno. Si no podemos ponernos de acuerdo en cuántos son, difícilmente podremos responder quiénes son y qué les pasó.

  • Desorden Institucional: Las variaciones significativas de datos entre fuentes oficiales y medios exponen una falta de rigor que raya en la negligencia.
  • Invisible a la Fuerza: Sin un registro transparente, el problema se vuelve amorfo, permitiendo que la responsabilidad se diluya entre dependencias.

El Rostro Detrás del Informe

Más allá de los cinco estados con más restos encontrados, hay un componente humano que ninguna base de datos puede capturar por completo. Cada fosa representa una búsqueda desesperada y un duelo suspendido. La labor de las organizaciones civiles al evidenciar este caos de datos es vital, pero no debería ser su responsabilidad exclusiva suplir las carencias del Estado.

“Ignorar la magnitud de las fosas es, en el fondo, una forma de re-victimización.”

La justicia en México no llegará mientras la verdad siga enterrada, no solo bajo la tierra, sino bajo carpetas de investigación que no coinciden y registros que nadie quiere completar.

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